Por otra parte, lo de viajar se está volviendo incompatible con mis propósitos de llevar una vida sana a la par que consciente. En mi casa, yo, más o menos, me levanto pronto, hago mi ratito de meditación y mi megamix de gimnasia-yoga-chikung (vale, todos los días no) y desayuno sano (ídem...). Leche sin lactosa, café endulzado con stevia, zumo natural o fruta, pan integral. Esas cosas.
Con lo que me ha costado ser (más o menos, ejem) disciplinada con todo esto, y llegan los viajes y te lo desbaratan todo.
Da pereza madrugar. Y como te levantas tarde, ya no haces gimnasia ni te lías a meditar. Total... Además, te falta tu esterilla y el aspecto del suelo como que no da mucha confianza. Luego en el bufé te zampas un café con leche entera atestado de azúcar, una cosa amarillenta que intentan hacer pasar por zumo de fruta, un montón de pan blanco y bollos empalagosos que normalmente jamás comerías, pero cómo vas a resistirte con la pinta que tienen. Total...
Y así todo el día.
Hubo un momento divertido. Yo, en la Acrópolis, rodeada de otros cientos de turistas. La diferencia es que yo iba con mi trancazo a cuestas y los demás, con sus cámaras. Y venga a disparar... Daba igual que la luz fuera pésima o que el Partenón estuviera hasta arriba de andamios. Qué ridículo todo, por Dios. Mi favorito era un japo armado con un trípode que se dedicaba muy serio él a hacerle fotos a su novia, esposa o lo que fuera desde todos los ángulos posibles con las columnas de fondo. Pero es que ella, bastante fea por cierto, no se molestaba en posar. Se limitaba a quedarse quieta y a girar la cabeza para un lado o para el otro. Muy harta debía de estar...
Conste que no me siento superior a ellos. Yo también llevaba la cámara encima, pero finalmente pasé de sacarla. Total, no quería recuerdos de ese viaje. Qué estrés de país. Miro hacia atrás y no puedo comprender cómo alguien una vez prefirió tirarse allí metido un mes que estar conmigo en Madrid. Ya no es porque yo sea estupenda, que lo soy, sino porque es una ciudad sucia y chillona (yo también, pero sólo a veces). En fin.
Todavía no he recuperado mis buenos hábitos. Lo achaco a que sigo llena de tos y mocos, pero la verdad es que no es fácil ser una persona sana y consciente...
Sunday, January 06, 2008
Saturday, January 05, 2008
Una semana enferma en un país extraño que ni siquiera me ha gustado. Mientras moqueaba y tosía sola en mi cama -acompañada, en realidad, pero como si no-, largas horas en silencio, lluvia y niebla fuera de la casa que ni siquiera dejaban ver el mar de fondo, yo pensaba en mi vida en Madrid.
Y eso hizo que no llorara, no me enfadara, no me deprimiera. Era como saber que después de tomarme todas las medicinas amargas me darían, tarde o temprano, un bombón de exquisito chocolate negro.
Pensaba en mis niñas, mis amigos, mis clases, mi perro, mi casa, mi barrio, mis padres, mi ordenador, mi libro. Lo sé, nada excepcional. Pero ahí estaba el encanto. En que me acordaba de mi día a día, del que no necesito huir yéndome de viaje. En la felicidad que he conquistado y en la que sé que está por venir, este año o los siguientes. Pensaba mucho en ti, D., hermanita, y en tu delicioso Max. Te conozco desde hace media vida y de repente me he dado cuenta de que tengo tantas cosas que preguntarte...
Estaba agotada anoche cuando aterrizó el avión, pero me sentí feliz de estar literalmente en casa. Esta mañana, Chueca brillaba más bonita que nunca bajo el sol. Me pareció que todo era plácido a mi alrededor. Y que, gracias a que me había alejado, ahora era capaz de apreciarlo mucho mejor.
La belleza del instante, algo que nunca dejará de conmoverme.
Estoy tan aturdida todavía que no sé muy bien cómo me siento. Pero me dejo llevar, con toda confianza... Quizás lo de estos días atrás era necesario para mudar completamente de piel. Llevo unos meses dándome cuenta de que estoy cambiando. Me resistí al principio, cuando mi lado adolescente se negaba a asumir que tengo 35 años y me estoy recolocando por dentro. Ya no... No volvería atrás ni por un instante.
Me alegro de que mi lista de "cosas que ya no quiero" ardiera en el fuego de la chimenea la tarde del 31. Espero haber dejado muchas cosas en aquel país y que el fuego -y los mocos, la fiebre y la tos- me hayan purificado. Llevo conmigo mi lista de "propósitos para este año". Y la alegría de saber que no todo lo escrito en la lista se cumplirá, pero yo estoy en paz y, con todas mis circunstancias más o menos afortunadas, soy feliz. Estoy rodeada de gente maravillosa y lo mejor de todo, sin ninguna duda, es que me tengo a mí misma.
No puedo pedir más en la Noche de Reyes. ..
Y eso hizo que no llorara, no me enfadara, no me deprimiera. Era como saber que después de tomarme todas las medicinas amargas me darían, tarde o temprano, un bombón de exquisito chocolate negro.
Pensaba en mis niñas, mis amigos, mis clases, mi perro, mi casa, mi barrio, mis padres, mi ordenador, mi libro. Lo sé, nada excepcional. Pero ahí estaba el encanto. En que me acordaba de mi día a día, del que no necesito huir yéndome de viaje. En la felicidad que he conquistado y en la que sé que está por venir, este año o los siguientes. Pensaba mucho en ti, D., hermanita, y en tu delicioso Max. Te conozco desde hace media vida y de repente me he dado cuenta de que tengo tantas cosas que preguntarte...
Estaba agotada anoche cuando aterrizó el avión, pero me sentí feliz de estar literalmente en casa. Esta mañana, Chueca brillaba más bonita que nunca bajo el sol. Me pareció que todo era plácido a mi alrededor. Y que, gracias a que me había alejado, ahora era capaz de apreciarlo mucho mejor.
La belleza del instante, algo que nunca dejará de conmoverme.
Estoy tan aturdida todavía que no sé muy bien cómo me siento. Pero me dejo llevar, con toda confianza... Quizás lo de estos días atrás era necesario para mudar completamente de piel. Llevo unos meses dándome cuenta de que estoy cambiando. Me resistí al principio, cuando mi lado adolescente se negaba a asumir que tengo 35 años y me estoy recolocando por dentro. Ya no... No volvería atrás ni por un instante.
Me alegro de que mi lista de "cosas que ya no quiero" ardiera en el fuego de la chimenea la tarde del 31. Espero haber dejado muchas cosas en aquel país y que el fuego -y los mocos, la fiebre y la tos- me hayan purificado. Llevo conmigo mi lista de "propósitos para este año". Y la alegría de saber que no todo lo escrito en la lista se cumplirá, pero yo estoy en paz y, con todas mis circunstancias más o menos afortunadas, soy feliz. Estoy rodeada de gente maravillosa y lo mejor de todo, sin ninguna duda, es que me tengo a mí misma.
No puedo pedir más en la Noche de Reyes. ..
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