Por otra parte, lo de viajar se está volviendo incompatible con mis propósitos de llevar una vida sana a la par que consciente. En mi casa, yo, más o menos, me levanto pronto, hago mi ratito de meditación y mi megamix de gimnasia-yoga-chikung (vale, todos los días no) y desayuno sano (ídem...). Leche sin lactosa, café endulzado con stevia, zumo natural o fruta, pan integral. Esas cosas.
Con lo que me ha costado ser (más o menos, ejem) disciplinada con todo esto, y llegan los viajes y te lo desbaratan todo.
Da pereza madrugar. Y como te levantas tarde, ya no haces gimnasia ni te lías a meditar. Total... Además, te falta tu esterilla y el aspecto del suelo como que no da mucha confianza. Luego en el bufé te zampas un café con leche entera atestado de azúcar, una cosa amarillenta que intentan hacer pasar por zumo de fruta, un montón de pan blanco y bollos empalagosos que normalmente jamás comerías, pero cómo vas a resistirte con la pinta que tienen. Total...
Y así todo el día.
Hubo un momento divertido. Yo, en la Acrópolis, rodeada de otros cientos de turistas. La diferencia es que yo iba con mi trancazo a cuestas y los demás, con sus cámaras. Y venga a disparar... Daba igual que la luz fuera pésima o que el Partenón estuviera hasta arriba de andamios. Qué ridículo todo, por Dios. Mi favorito era un japo armado con un trípode que se dedicaba muy serio él a hacerle fotos a su novia, esposa o lo que fuera desde todos los ángulos posibles con las columnas de fondo. Pero es que ella, bastante fea por cierto, no se molestaba en posar. Se limitaba a quedarse quieta y a girar la cabeza para un lado o para el otro. Muy harta debía de estar...
Conste que no me siento superior a ellos. Yo también llevaba la cámara encima, pero finalmente pasé de sacarla. Total, no quería recuerdos de ese viaje. Qué estrés de país. Miro hacia atrás y no puedo comprender cómo alguien una vez prefirió tirarse allí metido un mes que estar conmigo en Madrid. Ya no es porque yo sea estupenda, que lo soy, sino porque es una ciudad sucia y chillona (yo también, pero sólo a veces). En fin.
Todavía no he recuperado mis buenos hábitos. Lo achaco a que sigo llena de tos y mocos, pero la verdad es que no es fácil ser una persona sana y consciente...
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