Wednesday, October 31, 2007


Me llega un email de un tipo al que no conozco con el subject "Susan Worth". Resulta ser un mensaje en el que el tipo, compañero de trabajo de la tal Susan durante diez años, comunica que ésta ha sido atropellada por un tren y ha muerto. De forma no dolorosa para ella, "if not for us", añade. Explica que se ha tomado la libertad de enviar el mensaje a todas las personas que aparecían en la lista de direcciones de Susan.

Me pregunto quién será esta señora. Deduzco que alguna vez nos hemos mensajeado considerando la posibilidad de intercambiar nuestras casas, pero no encuentro su nombre en la bandeja de entrada.

Al día siguiente llega una respuesta. Alguien le pregunta al tipo si ha podido entrar en casa de Susan, puesto que tenía gatos. Después llega otra. Una amiga, supongo, que dice que deberían celebrar un funeral en la costa oeste, además del que la familia de Susan ha organizado en la costa este.

Y nada más.

Susan debía de vivir sola, con sus gatos, a miles de millas de su familia. Un día cualquiera, un tren la atropella y la mata. Ninguno de sus conocidos se entera de su muerte hasta que un compañero de trabajo se molesta en enviarles un email. Número de respuestas: dos.

Así que estas cosas realmente ocurren...

Friday, October 26, 2007

Sinceramente, hasta hoy no me había sentido muy capaz de ayudar a nadie a sanar. Nunca estaba segura de dónde poner las manos, de cuánto presionar, de qué podía estar pasándole al otro de la piel para dentro y si yo le estaba ayudando o le estaba jodiendo. Me sentía torpe, fuera de lugar, me asustaban las reacciones del cuerpo y las liberaciones emocionales, a pesar de saber -por experiencia- que son tan aparatosas como inofensivas.
Hoy, en cambio, ha sido muy sencillo... Cierra los ojos, fúndete con tu compañero, siente su cuerpo, dice J. Mantente presente. Imagínate que su cuerpo es tu amante... Ahí encuentro la clave que necesito. Eso sí sé hacerlo bien. No es sexo, pero en cierto modo se le parece.
N. y yo cerramos los ojos y nos sumimos en un estado de confianza mutua, de amor incondicional, y dejamos que nuestros cuerpos se comuniquen sin interferir. Nos entregamos... Y la liberación emocional no tarda en llegar, como una recompensa. En ese momento dejo de pensar: me limito a permitir que mi cuerpo haga lo que necesite, mientras una parte de mí observa cómo chilla y se retuerce. Es como si me desdoblara.
Sí, como un orgasmo. "Te ha cambiado la carita", me dice N. A él también le cambia. Me siento feliz de haberle ayudado.
Incluso, como en el sexo, al terminar hay algo que se esfuma, y algo que nos une.
Una experiencia maravillosa. La siento como una iniciación.
Salgo a la calle tan exultante que mi pobre perro no tiene más remedio que dejarse arrastrar por mí durante un paseo nocturno de más de media hora, de Cibeles a Hortaleza, Gran Vía abajo.
Hay luna llena, o casi.

Thursday, October 25, 2007


Es un día raro: estoy mala, cambio mis rutinas. Me encuentro sensible y al mismo tiempo tranquila.
Hacía mucho que no escribía por la noche pero hoy, simplemente, me apetece. Y me abstraigo por completo. Cada vez me resulta más fácil, cada vez dura más el placer y menos la pereza.
Mañana no tengo que madrugar, es como uno de esos días de fiesta entre semana. Un paréntesis que agradezco.
Fuera, hace frío. Parece que por fin empieza el otoño.
Busco un párrafo que me gusta releer y que me sirve de inspiración para lo que estoy escribiendo. “Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura”.
Son casi las dos de la mañana. Siempre me ha encantado esta hora. Es una hora de paz y de magia. Creo que si empezara a escribir ahora no sabría adónde -ni a quién- me conducirían mis propias palabras, pero sé que me dejaría llevar por ellas. ¿Tal vez por eso no escribo de noche?
Ha sido una delicia teclear en completo silencio, con mi perro durmiendo bajo mis pies y la luz de la lamparita. No, no estaba en silencio al principio pero no me doy ni cuenta de cuándo se termina el disco de jazz.
Me voy a la cama. Pienso que ojalá hubiera alguien esperándome, un cuerpo cálido y querido al que abrazar bajo las sábanas.

Wednesday, October 24, 2007


En cualquier momento puede ocurrir algo que pulveriza la imagen que nos hemos fabricado de los demás. Es un alivio darse cuenta de la facilidad con que nos adjudicamos papeles unos a otros y luego alimentamos las creencias que los sostienen, día tras día, conscientes, en el fondo, de que los demás tal como los vemos ni siquiera existen. De que basta tomar la decisión de moverse y dar unos pasos, sin esfuerzo, para contemplar lo mismo desde una perspectiva totalmente diferente. Pero es una lástima que suela ser una desgracia lo que nos hace reaccionar, muchas veces sólo durante un instante.
Juegos de adultos.

Tuesday, October 23, 2007


Me encanta ese olor que flota en el aire en las tardes de otoño y de invierno, cuando aún es de día pero el cielo ya empieza a oscurecer y los colores se ven más intensos. Es diferente del olor de las tardes de primavera y verano, incluso del de las tres o las cuatro de una tarde invernal, cuando el sol aún calienta. Es algo entre la plenitud y la tristeza, un olor frío que me serena y hace que desee estar viva. Lo aspiro mientras contemplo las nubes rosas como algodón de azúcar, y me acuerdo de un árbol en El Pardo desde el cual se ve Madrid a lo lejos y en el que me gusta sentarme a meditar -tiene un hueco en el tronco que parece hecho a medida-. Hace que desee estar allí, lejos del bullicio, escuchando sólo los sonidos del campo, y al mismo tiempo me conecta con la ciudad y me reconcilia con sus criaturas. A esa hora, la ciudad se vuelve preciosa. Perfecta como una promesa...

Tuesday, October 02, 2007

La escena es así: yo me desvisto en presencia de J. y de R. y les muestro la mitad de mi cuerpo embutido en plástico de cocina, mientras suena -really- Je t'aime, moi non plus. Después me tumbo mientras R. empieza a desenvolverme, cual bocata de choped -ese es el aspecto que muestran mis pobres carnes, privadas de oxígeno-. La preciosa R., con sus ojos azules, su piel fina y sus huesos delicados de chica del Este, que rasura el vello de mi cuerpo semidesnudo. Mientras, J. me examina, con esa expresión tan suya, mitad niño mono mitad un puntito sátiro. Como cuando estoy tumbada boca abajo y él cubre mis nalgas de electrodos -creo que son electrodos- enchufados a la corriente y yo le digo "dale más fuerte, si no duele. Bueno, duele, pero me gusta" y él me confiesa, con una chispa de vicio en la mirada, que es verdad, a él también le gusta.
No puedo evitarlo. Cada vez que toca cita con ellos me siento como dentro de una escena de una peli porno, de las retorcidillas a la par que divertidas. El médico, la enfermera y yo. No sé cómo se llama la perversión en cuestión, pero sé que hay tipos -¿y tipas?- que se excitan envolviendo a las chicas en plásticos. Y también he visto que hay páginas en las que cuelgan fotos del antes y el después de las operaciones de pechos. Tetas desnudas llenas de marcas pintadas con rotulador, que indican dónde hay que cortar, subir o rellenar. Flipo. ¿De dónde las sacarán?
El caso es que la pequeña clínica de mi amigo J. haría las delicias de muchos pervertidos. Aunque supongo que él ya debe de estar más que aburrido de ver tanta carne. Lo que para él es rutina, para otros -visto lo que una se encuentra por Internet- es una vía directa hacia la excitación. En fin, supongo que hay gustos para todos, etc.
Debe de ser extraño encontrarse con alguien que sólo pueda encontrar el placer a través de semejantes vericuetos. Alguien que sea capaz de pagar por contemplar fotos de pres y posts operatorios, porque de otra forma no logra excitarse.
Sí, debe de ser extraño tomarse el placer tan en serio. Hay un montón de cosas -pero lo de las tetas pintadas no, thanks- que tienen gracia si se toman como un juego, si forman parte de la diversión, la complicidad, la confianza mutua de dos personas que se quieren. De la entrega, por supuesto, de un tipo de entrega excitante y profunda, que va mucho más allá del simple jueguecito. Pero soy incapaz de tomármelo completamente en serio. Amos, esclavos, sumisión, dominio, pelis porno, juguetitos vibradores, gente envuelta en plástico. Lo siento, me da la risa.
Y sin risas, ¿qué gracia tienen?
En fin. Lo que hay que hacer para estar guapa, señor.