La escena es así: yo me desvisto en presencia de J. y de R. y les muestro la mitad de mi cuerpo embutido en plástico de cocina, mientras suena -really-
Je t'aime, moi non plus. Después me tumbo mientras R. empieza a desenvolverme, cual bocata de choped -ese es el aspecto que muestran mis pobres carnes, privadas de oxígeno-. La preciosa R., con sus ojos azules, su piel fina y sus huesos delicados de chica del Este, que rasura el vello de mi cuerpo semidesnudo. Mientras, J. me examina, con esa expresión tan suya, mitad niño mono mitad un puntito sátiro. Como cuando estoy tumbada boca abajo y él cubre mis nalgas de electrodos -creo que son electrodos- enchufados a la corriente y yo le digo "dale más fuerte, si no duele. Bueno, duele, pero me gusta" y él me confiesa, con una chispa de vicio en la mirada, que es verdad, a él también le gusta.
No puedo evitarlo. Cada vez que toca cita con ellos me siento como dentro de una escena de una peli porno, de las retorcidillas a la par que divertidas. El médico, la enfermera y yo. No sé cómo se llama la perversión en cuestión, pero sé que hay tipos -¿y tipas?- que se excitan envolviendo a las chicas en plásticos. Y también he visto que hay páginas en las que cuelgan fotos del antes y el después de las operaciones de pechos. Tetas desnudas llenas de marcas pintadas con rotulador, que indican dónde hay que cortar, subir o rellenar. Flipo. ¿De dónde las sacarán?
El caso es que la pequeña clínica de mi amigo J. haría las delicias de muchos pervertidos. Aunque supongo que él ya debe de estar más que aburrido de ver tanta carne. Lo que para él es rutina, para otros -visto lo que una se encuentra por Internet- es una vía directa hacia la excitación. En fin, supongo que hay gustos para todos, etc.
Debe de ser extraño encontrarse con alguien que sólo pueda encontrar el placer a través de semejantes vericuetos. Alguien que sea capaz de pagar por contemplar fotos de pres y posts operatorios, porque de otra forma no logra excitarse.
Sí, debe de ser extraño tomarse el placer tan en serio. Hay un montón de cosas -pero lo de las tetas pintadas no, thanks- que tienen gracia si se toman como un juego, si forman parte de la diversión, la complicidad, la confianza mutua de dos personas que se quieren. De la entrega, por supuesto, de un tipo de entrega excitante y profunda, que va mucho más allá del simple jueguecito. Pero soy incapaz de tomármelo completamente en serio. Amos, esclavos, sumisión, dominio, pelis porno, juguetitos vibradores, gente envuelta en plástico. Lo siento, me da la risa.
Y sin risas, ¿qué gracia tienen?
En fin. Lo que hay que hacer para estar guapa, señor.