Wednesday, May 09, 2007

Acabo de darme cuenta de que he logrado mantener una relación ideal con un ser del sexo opuesto. ¡Mi perro! Nos encanta estar juntos, hablar (sí, hablar), hacernos mimos y sobre todo, pasear. A los dos nos vuelve locos el Retiro, a mediodía en invierno y cuando anochece en primavera y otoño. Nos adoramos.
Pero el caso es que, cuando está con mi madre, no le echo de menos. Y yo creo que él tampoco a mí. Ella y yo lo compartimos, primero porque yo trabajaba fuera todo el día. Ahora porque, después de todo, ellos también han vivido su particular historia de amor y están en una etapa de esplendor. Mi madre, tan poco cariñosa ella, tan ajena a los bichos, ahora resulta que quiere mucho a su perrito. Lo que hay que ver. Y él a ella, pues también (bueno, él siempre la quiso, los perros son así de generosos). Y a mí, me ama. Ambas tenemos un hueco en su corazón, y nunca me ha dado por preguntarme cuál es más grande y si el mío es más importante (y si no lo es, ¡por qué!).
Aunque he intentado echarle de menos cuando no vive en mi casa, no lo consigo. Al principio me sentía culpable ("si no añoras a tu perro, cómo vas a tratar a tus futuros hijos, descastada"?, me decía a mí misma), pero ya me he dejado en paz. Eso sí, el truco está en que la culpa se ha esfumado cuando he aprendido a convivir con él, sin agobiarme. Antes me angustiaba pensando si le trataba bien, si pasaba demasiado tiempo solo, si necesitaba salir más a la calle, si me odiaba cuando tardaba más de la cuenta en levantarme... Con la convivencia, aprendimos a respetarnos mutuamente y ahora podemos convivir o no convivir. En ambos casos, tan felices.
Y sobre todo, me di cuenta de que él siempre me quería, le paseara más o menos. Que no me reprochaba nada (y que, si no puede más, se hace pis donde le sale del morro). Así creció mi amor por él...
Un maestro, mi peque!!

Saturday, May 05, 2007


Hoy sólo quiero decir que cuanto más profundizo yo en mis cosas del espíritu, más disfruto de esas cosillas frívolas y sin trascendencia que nos rodean. Llevo dos días comprando y rindiendo culto a mi cuerpo. Pero qué gusto, señor!!! No puedo poner foto porque se me ha estropeado la digital, pero he de decir que me encuentro estupenda, y más que lo voy a estar cuando culmine mi proceso de reconstrucción integral (integral de holístico).

Como dice la Teresa Viejo con ese rostro terrorífico de dominatrix adicta al Botox: ¡Adiós a la antigua P! ¡Bienvenida la nueva! Va por ti, A. (mamita), con unos azotes en el culo incluidos. Desde que otra mujer me ha reavivado la kundalini (esto no te lo he contado, pero lo haré con pelos, señales, vino (anís?) y marlboro), ya no tengo discernimiento. Anda y que le den al proceso de dejadez integral, no te parece?

Ahora que lo pienso, voy a ilustrar esta ida de olla con una pin up bonita y descerebrada. Ay!!!