Thursday, April 19, 2007

Vuelvo a casa y me quito la ropa, que huele a tabaco y a comida. Abro el balcón para tenderla fuera y me quedo asomada unos minutos a oscuras, simplemente aspirando este delicioso aroma a primavera. La sensación de la brisa entrando en mi piel se parece a sumergirse en el mar en verano por primera vez. En el piso de arriba, a la izquierda, hay alguien con la luz de un flexo encendida. Lo único que veo es un enorme escritorio repleto de libros, papeles y un ordenador. El suelo también está cubierto de libros. Sonrío. Me gusta mirar esa escena; en este momento, el escritor desconocido es mi ángel de la guarda. Estamos solos los dos. ¿Será una señal, para que no dude más? Hace tanto que no escribo por las noches. Pero soy feliz cuando paso las tardes haciéndolo, como hoy.
Me voy a la cama pensando en lo bien que voy a dormir. No hay nada ahí fuera que pueda hacerme daño.

Wednesday, April 11, 2007


Tengo un sueño húmedo con el doctor House.

Disfruto tanto que al día siguiente (martes) estoy deseando que empiece la serie para volver a verle, babeando recostada en el sofá. Este tío es de los que o te encantan o te horrorizan, y a mí siempre me ha encantado. Ya sé que está cojo, tiene mogollón de arrugas y mentón de pusilánime, pero me da igual. Me ponen mucho sus ojitos desvalidos (pero lascivos cuando él quiere... al menos en mis sueños), sus brazos fuertes, su pelo revuelto y canoso, su aire de hey-nena-soy-tan-irresistible-como-inaccesible-puedes-acercarte-pero-no-se-te-ocurra-pensar-que-voy-a-pillarme-por-ti.

En fin, ese rollito que nos pone a las chicas como yo (no pretendo ser original), con una diferencia muy importante: House no existe, así que cuando acaba la serie quito la tele y, con ella, cualquier posible marrón asociado a la presencia, en la vida de una, de esta clase de tipos. Ni olerlos quiero. Bueno sí, en sueños... Mi doctor huele tan bien, tiene la piel calentita, palpitante, cubierta de vello fino y suave que produce escalofríos al rozarte, una boca exquisita que deja un sabor dulce y húmedo... como yo cuando me despierto, recordando mi sueño. Retozona y risueña, fantaseo con una escenita en la cual me está follando con su enorme (por supuesto), firme, suave y preciosa polla, e incluso aparece otro caballero igual de bien dotado, apuntando directamente hacia mi boca...

Malísima me pongo. Incluso mientras escribo esto. Tengo la respiración entrecortada y una sensación de calor y hormigueo deslizándose por mi cuerpo. Pero me encanta.

Wednesday, April 04, 2007


En el amor, o al menos en el amor insatisfecho, interviene mucho el intelecto. En cambio, el amor verdadero, una vez reconocido, tiene el sello de lo indudable. Necesitamos creer en algo divino sin la necesidad de dios.
Algo que podríamos llamar amor o bondad.
Como dice el salmo:
“¿Cómo podría alejarme de tu espíritu?
¿Dónde podría huir de tu faz?
Si asciendo a los cielos allí estás tú
Si hago mi cama en el infierno allí estás presente
Si tomara las alas de la aurora y quisiera hablar
al extremo del mar
también allí me guiaría tu mano
y tu diestra me sostendría”
Iris Murdoch