Sunday, November 25, 2007


Shortbus. Una película de las que entran sin hacer ruido en algún rincón profundo de tu cabeza y se queda allí, haciéndose un hueco entre las cosas que hay dentro, descolocándolas un poco durante días. Me recuerda, sobre todo la escena final, a mi peli favorita, Cabaret. Gente quitándose las máscaras, conociéndose a sí misma, reivindicando la alegría y el placer. En este caso, todo eso lo hacen a través del sexo.
Veo también otra película de título sugerente y argumento en torno al sexo: Conocimiento carnal. Pero me parece tan soporífera que la dejo a la mitad. Supongo que en su día fue revolucionaria y tal, pero la encuentro anticuada hasta el bostezo. ¿Quizás lo que la hace anticuada es que pretendía ser revolucionaria?
En Shortbus, las primeras escenas parecen una peli porno. Al rato, lo cierto es que esas escenas resultan tan naturales como todas las demás. Hay sexo, y también poesía, intimidad, humor, conversaciones -inciso: leo a Woody Allen diciendo que no puede imaginarse que ningún director de este mundo pueda citarle a él como referencia!! Y da la impresión de que se lo cree de verdad!!-, soledad, conexión, desgarro, tristeza, frivolidad, introspección, absurdo, exceso, autenticidad.
"Si no puedes hacer elecciones, al menos haz erecciones". "Quería retorcer un poquito este conservadurismo absoluto que prevalece hoy, este resurgir puritano que para mí está asociado al temor a todo lo extraño". Lo dice su director, que es norteamericano y antibush. Aunque no hace falta que lo explique. En la peli, el sexo actúa como un filtro: no apta para mentes estrechas.
Me parece una película excelente, pero no dejo de tener la sensación de que quiere ser revolucionaria. Provocadora. Elitista. Y resulta soberbia, e incluso un poco ingenua. "Nosotros hemos visto la luz porque somos capaces de follar como conejos y los demás no". Mi impresión es que le da demasiada importancia al sexo, como en la soporífera Conocimiento carnal. No estoy de acuerdo en que, desnudos y en la cama, todos seamos iguales, y mucho menos auténticos. Ni en que esa sea la única vía, ni la mejor -menos aún la "superior"-, hacia el autoconocimiento, la alegría, la desnudez del alma, el mandar a la mierda los prejuicios y las máscaras.
Shortbus es, en Estados Unidos, el nombre de los autobuses escolares para niños disminuidos, problemáticos o superdotados. Para los que no encajan. Para los diferentes. Pero, en el fondo, ¿diferentes en qué? Los tiempos cambian, y deprisa. Hoy en día, lo que resultaría revolucionario de verdad es ver una película sobre gente que no necesita follar desesperadamente para dejar de vivir anestesiados, para sentir algo de la piel hacia dentro, para sobrevivir a su hastío, su miedo a todo lo extraño, su decepción. Para dejar de ser impermeables.
Al margen de todo eso, me parece una maravillosa historia sobre personas que están al borde del límite, que explotan y se rompen. Me hace reflexionar sobre que, cuando ciertas cosas se rompen de esa manera, ni el tiempo, ni otra persona, ni por supuesto el sexo, son suficientes para recomponerlas. A veces, lo mejor es soplar sobre los pedazos y dejar que se diluyan en el éter. Otra cosa que decía Woody Allen: "No he vuelto a ver algunas de mis películas, como Manhattan. ¿Para qué mirar atrás? No haría más que romperme el corazón".
¿Te alegras de haber llegado a esto, joder? ¿Todo esto porque querías sentir algo? Duele no sentir nada en la vida.

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