Es un día raro: estoy mala, cambio mis rutinas. Me encuentro sensible y al mismo tiempo tranquila.
Hacía mucho que no escribía por la noche pero hoy, simplemente, me apetece. Y me abstraigo por completo. Cada vez me resulta más fácil, cada vez dura más el placer y menos la pereza.
Mañana no tengo que madrugar, es como uno de esos días de fiesta entre semana. Un paréntesis que agradezco.
Fuera, hace frío. Parece que por fin empieza el otoño.
Busco un párrafo que me gusta releer y que me sirve de inspiración para lo que estoy escribiendo. “Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura”.
Son casi las dos de la mañana. Siempre me ha encantado esta hora. Es una hora de paz y de magia. Creo que si empezara a escribir ahora no sabría adónde -ni a quién- me conducirían mis propias palabras, pero sé que me dejaría llevar por ellas. ¿Tal vez por eso no escribo de noche?
Ha sido una delicia teclear en completo silencio, con mi perro durmiendo bajo mis pies y la luz de la lamparita. No, no estaba en silencio al principio pero no me doy ni cuenta de cuándo se termina el disco de jazz.
Me voy a la cama. Pienso que ojalá hubiera alguien esperándome, un cuerpo cálido y querido al que abrazar bajo las sábanas.
Hacía mucho que no escribía por la noche pero hoy, simplemente, me apetece. Y me abstraigo por completo. Cada vez me resulta más fácil, cada vez dura más el placer y menos la pereza.
Mañana no tengo que madrugar, es como uno de esos días de fiesta entre semana. Un paréntesis que agradezco.
Fuera, hace frío. Parece que por fin empieza el otoño.
Busco un párrafo que me gusta releer y que me sirve de inspiración para lo que estoy escribiendo. “Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura”.
Son casi las dos de la mañana. Siempre me ha encantado esta hora. Es una hora de paz y de magia. Creo que si empezara a escribir ahora no sabría adónde -ni a quién- me conducirían mis propias palabras, pero sé que me dejaría llevar por ellas. ¿Tal vez por eso no escribo de noche?
Ha sido una delicia teclear en completo silencio, con mi perro durmiendo bajo mis pies y la luz de la lamparita. No, no estaba en silencio al principio pero no me doy ni cuenta de cuándo se termina el disco de jazz.
Me voy a la cama. Pienso que ojalá hubiera alguien esperándome, un cuerpo cálido y querido al que abrazar bajo las sábanas.
5 comments:
vamos al concierto de la dulce stacey kent, prenda?
déjame que lo adivine: el elogio de la sombra, de tanizaki, editado por siruela. arrojado boca abajo justo antes de caer rendido por el sueño -yo, no el libro. aunque más que descansar sobre él, parece flotar sobre el suelo de baldosas en espiga, traídas de val de san pedro. la estructura de la cama y la mesilla son ahora blancas y el flexo ya no lo tengo. qué cosas.
nena, y esa quién es? que estoy out en lo que respecta a la cultura juvenil!! pero yo te sigo donde tú me digas...
Mi cama y mi mesilla también son blancas desde hace más de un año. Tú las viste. O seguramente sólo las miraste.
no sólo las vi, sino que comentamos el cambio de color y hasta creo recordar que alguna broma hicimos. pero no consigo entender tu comentario a mi comentario. después de todo, yo sólo me refería a la cama y a la mesilla que salen en la foto. quizá sea mejor permanecer callado.
Post a Comment