Tuesday, March 06, 2007

Yo no sé ni para qué voy. Pero total, es de estos días que estás tan cansada que o haces las cosas o te tumbas y ya no despegas el culo, así que dije "bueno, hale, vamos a ver, si tampoco se pierde nada".
Me reciben dos individuos gordinflones y mal trajeados, con pinta de estar aburridos y pensando en las copas que se van a pimplar por la noche. Uno tiene las pestañas largas y rizadas como una muñeca pepona y da grima mirarle a los ojos. Me dan la mano y me dicen que me van a informar de las condiciones, por si quiero "financiar una parte". Ay no, les digo, primero veo el piso y luego si eso ya me contáis. Una parte, dicen... no, si os parece me sobra la pasta y por eso acudo a la llamada de una cutreinmobiliaria en el sur, no te jode. Les digo que quiero ver al que me ha llamado y que me enseñe el piso, y me dicen que ahora sale.
Expectación. Qué ganas tengo de ver al argentino solemne de voz extraña.
En persona es todavía más friki. Bajito, vestido de negro, calvo, muy serio. Tiene pinta de pescado blandurrio y la mano que me tiende, muy profesional él, está escurridiza. Agg. Caminamos hasta el piso en cuestión y me va preguntando esas cosas que supongo que se preguntan en estos momentos. Que si he visto otros pisos, que qué tal. Luego me cuenta que él por suerte compró el suyo antes de que subieran los precios y eso. El caso es que me cuesta seguir la conversación, porque no le oigo. Tiene una voz rara, ahogada, como que quiere salir y no puede, y el tipo debe de ser consciente del tono tan desagradable que emana de él y por eso habla tan serio, haciendo pausas entre frases (o es que de repente se le va la voz?) como para causar efecto.
A medida que nos acercamos al lugar, noto que quiere impresionarme. Me habla del portal de al lado, que está fatal, descuidado y viejo y los pisos son muy feos. Pues vale. Quiere que cuando lleguemos al suyo, yo quede fascinada. Después me cuenta que van a poner ascensor y el piso se va a revalorizar y es estupendo como inversión. Y yo que vale, que me lo enseñes ya.
Abre la puerta. Me espero lo peor. Pero bah, no está mal. El salón es muy bonito y luminoso pero extremadamente ruidoso. Los suelos de cerámica no me gustan, los platos de ducha tampoco, las cocinas oscuras y las habitaciones sin ventanas pues menos aún. Lo tiene todo, el pisito.
Le digo que no es lo que busco y me mira con una expresión neutra. Me empieza a desvelar, como en plan confidencial, la reforma que él haría. Y yo que vale, pero que no hace falta porque ese piso no es para mí. Y él sigue explicando... Le digo que NO ME GUSTA y que vámonos. Se rinde y me pregunta qué es lo que quiero. Le cuento. Me dice que uy, eso es muy difícil, casi imposible. Ya estamos con la misma cantinela. Qué aburrimiento, señor. Hace un último intento, ya en plan venenosillo el tío: que cómo pretendo encontrar un piso silencioso en el paseo de las Delicias. Le digo que quién coño le ha dicho a él que yo quiero vivir en el paseo de las Delicias.
De dónde sacan a estos personajes las inmobiliarias?
M. búscame el piso yaaaaa por favor!!!!!! No quiero volver a pasar por estoooo!!!

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