Salgo de mi clase de yoga. Cruzo en dirección al H&M (mi M&H) y miro hacia la izquierda. El sol se pone al fondo, tras el edificio de Swcheppes, un deslumbrante trocito de cielo naranja. También se refleja sobre el edificio de la SER, contrastando con un azul precioso. Qué maravilla. Busco la faldita que me gusta, pero sigue sin haber mi talla. Me compro en el top manta el disco de Miguel Bosé, que antes no me gustaba y de repente me encanta. Sin pudor lo digo (que me gusta y que me lo he comprado en el top manta). Entro en la Casa del Libro y compro uno que me apetece. Al salir, sigo mirando al cielo, hipnotizada, caminando hacia mi casa mientras las nubes se deshacen.
Cuántas veces habré hecho esto, pero da igual. No me canso, y espero no cansarme nunca. Hay gente haciendo fotos y yo, para variar, no llevo encima mi cámara. Sí la del móvil, pero no lo saco. Hace un año hice fotos de un atardecer parecido y las colgué en mi blog de entonces. Podría poner una de esas, pero no, el año pasado ya murió. Igual que este instante, pero sé que se repetirá...
Mi corazón, salvaje y estepario,
lamió poemas caídos de tus labios...
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