Friday, December 22, 2006


Dolor latiendo por debajo de la alegría. Vergüenza por seguir albergando sufrimiento, rabia, rencor. Miedo porque parece tan grande que no soy capaz de abarcarlo, menos aún de abrazarlo. Impotencia porque todavía hay tantas cosas que me hieren y no entiendo. Culpa actuando un día y otro a pesar de mis buenas intenciones.
Abro mi corazón a J, él fuma su pipa tranquilamente y me dice que no necesito entender nada. "Si te cortas la mano, ¿entras en Internet a buscar información para comprender cuál es el proceso que sigue la herida hasta dejar de sangrar? ¿Crees que tu mano necesita saberlo para curarse?". Entonces por qué siento que hasta que no comprenda...
"El ego", dice él.
El ego, siempre el ego. ¿Es posible que sea tan sencillo? Pero de repente, por fin, algo me dice que sí lo es. Si apartamos el dolor queda la nada. Una nada limpia, un espacio vacío que no tiene forma ni opinión, que no necesita ser llenado con dolor ni con razones, con sexo ni con arte, que es ajeno al vértigo que sentimos al asomarnos. El vértigo, una excusa más. El ansia de combatirlo invocando por un instante a la belleza, un esfuerzo innecesario, pues no hay nada que olvidar, nadie a quien haya que arrastrar para sumar fuerzas en un combate contra el vacío. La necesidad de resguardarnos del dolor, una carga inútil que echamos en brazos de los demás para que sepan, y así ninguno podamos olvidarlo, lo mucho que nos pesa.
Perdonar, decir adiós al dolor, gracias por haberme protegido haciéndote sólido y fuerte para justificar mi visión de las cosas, pero no me importa cuánto tiempo lleves dentro de mí, no me identifico más contigo, no voy a alimentarte aunque lleve toda una vida haciéndolo.
Qué maravilloso alivio aunque aún no sepa (¿no quiera?) hacerlo.

No comments: