
Cierro los ojos y comienzo a respirar. No existe nada más. Adiós pensamientos, miedos, expectativas, dolor. De repente yo ya no soy yo, convertida ahora en una hoja tierna y perfecta que desciende desde la copa del árbol, ondulando, mecida por el sol y la brisa, hasta posarse dulcemente a sus pies. Y después ya no soy la hoja, soy el tronco del árbol y saludo orgullosamente al sol. Obedezco a J. Respira, abre tu coronilla, siente el cielo sobre ti, tráelo hasta tu corazón. Mis ramas se expanden, se estiran desperezándose, abrazando la luz. Debajo de ti está el corazón de la tierra. Mis raíces comienzan a descender, hambrientas, buscando el alimento de la tierra. Inspira el amor de la madre, súbelo, siente tu poder. Un escalofrío me sacude como un rayo y me escucho a mí misma gemir. Es mi voz, pero yo estoy más allá. Mi voz se ríe, mis piernas tiemblan y se hinchan como si dentro de ellas se hubieran abierto infinitos senderos y por ellos suben la savia, el agua, las flores, la hierba, la lava, la tierra. Una cascada de placer se enreda en mis riñones, ondulando en círculos como un tropel de mariposas haciéndome cosquillas con sus alas. J viene a mi lado y pone su mano en mi pecho, trayéndome su calor y su fuerza. Me doy permiso para mantener los ojos cerrados, para dejarle que me ayude, para dejarme querer. Estás muy cerca, me dice, mientras las mil mariposas se enganchan en mi vientre volando a ciegas. Estás muy cerca, súbelo, súbelo, me dice, no tiene nada que ver con lo que te imaginas, ríndete, ocurre cuando te rindes. J comienza a reír y algo dentro de mí suplica no me ayudes, no me lo merezco, no pierdas el tiempo conmigo pero mis ojos siguen cerrados y mi cuerpo dice gracias, gracias, ahora, no te vayas... Mi corazón late con el corazón de la tierra. Un canto de poder comienza a expandirse dentro de mí, rodeado por un aura de luz y de fuego que prende por fin y echa a correr en mil direcciones como un caballo salvaje dentro de mi cuerpo vencido. Estoy sudando, estoy gimiendo, temblando y gritando pero no soy yo ni soy ya un árbol, soy el centro mismo del cielo y de la tierra. Abro los ojos y me echo en los brazos de J. I love you. Qué cosa tan bonita, por dios.
4 comments:
maravillosa sensación vecina, tendrás que enseñarme a sentir así. Yo me quedo tan, tan lejos...
vecinooo!!! holaaaa!!!! me ha hecho iluu!!!
Ya estoy de vuelta por el barrio. He pasado una temporadita por ahí lavandome el cerebro que buena falta le hacía, pero ya estoy de nuevo con mis pantuflas. Tomaremos mojitos algún día, espero.
Este es sin duda el que más me impacta... pero sigo leyendo... que mal hiciste dándome la dire de tu blog, me convertiré en P.-adicta, jajajaja... increible experiencia verdad? para recordarla siempre. TQ. Loi.
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