Monday, November 27, 2006


Sumerjo los pies en el agua. Está deliciosa y sería capaz de bañarme. Es todo tan extraño. Las luces de Navidad y los pies descalzos en la playa. Mi vieja ciudad y mi casa, a una hora de distancia en avión y yo en medio de las dos, comiendo un donut relleno de avellanas y mirando las olas. Respiro y me repito que todo va bien, todo va a salir bien, es un truco que funciona, más o menos, a falta de alguien que me espere para darme un abrazo al pie del avión, me prepare la cena, escuche mis anécdotas de estos días y me abrace para dormir calentita.
Pienso si mandar algún sms pero decido que no merece la pena; lo único que obtendría, como mucho, es una respuesta amable y nada más, así que no me molesto en sacar el teléfono del bolso. Me merezco algo más, me merezco lo mejor. Aunque no habrá nadie esperando, tengo ganas de volver. Esta ciudad es preciosa y una vieja conocida, pero mi casa está ahora en otro lugar.
Paseo por la orilla, respiro hondo para absorber la esencia del mar y llevármela conmigo. Este es uno de esos momentos en los que uno hace balance de su vida o tiene una revelación acerca de sí mismo, de las que te agitan y te hacen cambiar el rumbo de tu existencia, pero no hay nada de eso. Simplemente saboreo el donut y la sensación de pisar la tierra mojada, sin extraer de mi interior ningún pensamiento profundo, ningún propósito. Ellos pugnan por salir, saben que estas horas de tránsito son perfectas para emerger en forma de lágrimas furtivas y melancolía. La caída de la tarde en la playa, las luces a punto de encenderse... Pero no me lo puedo permitir. No quiero pensar en lo que me espera en Madrid, en lo que ya nunca más me esperará y que se percibe tan nítido en la distancia, o en lo que dejé aquí y nunca más me acompañará. Estoy cansada y no tengo ganas de preguntarme qué es lo que deseo de mi vida. Me digo que algo dentro de mí lo sabe y es suficiente, me confío a esa parte que sabe y que me protege, mientras obligo al resto de mí a dejarse mecer por el paso de los minutos, haciendo tiempo para ir al aeropuerto, volver a casa, dormir muchas, muchas horas y abrir los ojos a la mañana siguiente.
Hoy puede ser un gran día...

2 comments:

Anonymous said...

Si amiga mia, mañana o al otro u otro más... puede ser un gran día. No decaigas todo acaba. "Después de un tiempo uno se da cuenta que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores" (Borges).

Te kiero mucho. Mafalda

Anonymous said...

bonita foto