Wednesday, May 14, 2008
Tuesday, April 29, 2008
Me llama C. y me cuenta que quería saludarme y mandarme un beso. Está a punto de salir de viaje hacia la India, para mediar en el conflicto del arroz. "Hay diez millones de personas en peligro de muerte", dice. Recuerdo que leí algo sobre el tema en el periódico el pasado domingo... Creo que decía que el precio del arroz se ha encarecido un 25%.
Y yo ocupada en decidir si esta tarde me voy de shopping, me quedo leyendo revistas en el sofá o me voy a probar una clase nueva de yoga.
Y yo ocupada en decidir si esta tarde me voy de shopping, me quedo leyendo revistas en el sofá o me voy a probar una clase nueva de yoga.
Monday, April 21, 2008
Llega un momento en la vida en que las dependientas de las tiendas pasan de llamarte "cielo" a dirigirse a ti como "la señora". No sé qué me resulta más irritante, lo confieso.
PD: A., prepárate, que te ríes de mí pero ese momento también te llegará, y además sin darte cuenta y antes de lo que crees. Moraleja: disfruta de tu juventud, pipiola.
PD: A., prepárate, que te ríes de mí pero ese momento también te llegará, y además sin darte cuenta y antes de lo que crees. Moraleja: disfruta de tu juventud, pipiola.
Sunday, March 30, 2008
Me doy la vuelta y la veo, sentada relajada y sonriente, saboreando sus nueces con miel -exactamente las nueces con miel que había soñado la noche anterior, que desde entonces tanto le apetecían y que justamente acaba de encontrar aquí, en uno de esos horrendos restaurante-tienda-cafetería de carretera-, ajena al bullicio que la rodea, hablando con un desconocido. Mientras yo estoy en la cola, agobiada por la hora y la muchedumbre, ¡otra vez!, intentando encontrar algo decente que comer. Y también pidiéndole su infusión, la que ella me ha encargado y espera tranquilamente, sin preocuparse por el reloj. Cuando se la llevo, me presenta al desconocido y dice que se acaban de conocer en la cola.
Después me cuenta que le ha estado hablando de los peligros de los transgénicos y que siempre lo hace con los jovencitos: comida basura, drogas, malos hábitos... "Me gusta ayudarles a que conozcan otras formas de vida más saludables". ¿Y qué cara te ponen? "Ah, me suelen escuchar. De hecho luego la gente siempre me llama y me pide consejo", responde, con una inocencia que desarma.
Durante las cuatro horas siguientes hablamos sin parar, sin saber en qué kilómetro andamos o cuánto falta para llegar a Madrid. Ella nunca ha trabajado sentada. Nunca ha vivido sola. Se fue de casa a los 19 años, harta de un padre maltratador. Le gusta escribir, pero no consigue ser disciplinada -le resulta tan difícil trabajar sentada-. Le digo "De mayor quiero ser como tú, que pides tu poleo al universo y te pones a hablar con un desconocido mientras yo hago cola por ti y te lo llevo a la mesa". Se ríe. Sabe que no es exactamente eso. No quiero ser como ella, pero me fascina cuando unas horas antes corremos como locas en el coche, en busca del autocar que hemos perdido y que no tenemos ni idea de dónde puede estar, y ella dice, con su voz suave, "No te preocupes, lo vamos a coger, mi vida siempre es así". Quizás es ella la que me contagia su entusiasmo y hace que mi cabreo inicial se esfume en cuestión de minutos y se convierta en un "Lo peor que puede pasar es que tengamos que quedarnos una noche en uno de estos pueblecitos junto al mar". Y de repente, el autocar aparece de la nada...
Me cuenta que no sabe si dejar al tipo con el que vive. Aunque le quiere mucho, ya no disfruta en la cama. Es como vivir con un hermano, pero es que la cuida tan bien... En cambio, es tan diferente con su amante, el músico que ahora está en Cuba y con el que siempre saltan chispas... "Hemos intentado ser sólo amigos, pero es imposible". Y también con su otra amante, la mujer que lee el tarot, con la que le gustaría montar una comuna en algún lugar en el campo. "Nunca me he sentido tan femenina como con una mujer", susurra. "Y tampoco tan masculina. Adoro los cuerpos de las mujeres, esa suavidad inigualable, la intimidad, el entendimiento sin palabras, mejor que con cualquier hombre...". Y no, nada de todo eso le crea conflictos ni desgarros aunque, reconoce, le encantaría conocer a alguien que aunara las cualidades de los tres, claro que sí. Algún día, pero no lo planea. A su lado siempre ha habido alguien... Ella fluye y se deja querer, con esa despreocupación que irradia, a ratos envidiable, a ratos irritante.
Dice que deseaba hablar conmigo desde el primer momento. "Me gusta tu energía. Puedo verla, es como una luz rosa en el corazón, una mezcla de pureza blanca y el rojo de la pasión". "¿Volveremos a vernos?", dice. "Me gustaría escribir algo juntas, me gustaría que me enseñaras".
Es domingo, de noche, estamos viajando, es la primera vez que hablamos. Todo resulta un poco irreal y al mismo tiempo tan fácil, uno de esos momentos en que parece que las cosas podrían encajar si uno no se resistiera.
¿Volveremos a vernos? No lo sé.
Después me cuenta que le ha estado hablando de los peligros de los transgénicos y que siempre lo hace con los jovencitos: comida basura, drogas, malos hábitos... "Me gusta ayudarles a que conozcan otras formas de vida más saludables". ¿Y qué cara te ponen? "Ah, me suelen escuchar. De hecho luego la gente siempre me llama y me pide consejo", responde, con una inocencia que desarma.
Durante las cuatro horas siguientes hablamos sin parar, sin saber en qué kilómetro andamos o cuánto falta para llegar a Madrid. Ella nunca ha trabajado sentada. Nunca ha vivido sola. Se fue de casa a los 19 años, harta de un padre maltratador. Le gusta escribir, pero no consigue ser disciplinada -le resulta tan difícil trabajar sentada-. Le digo "De mayor quiero ser como tú, que pides tu poleo al universo y te pones a hablar con un desconocido mientras yo hago cola por ti y te lo llevo a la mesa". Se ríe. Sabe que no es exactamente eso. No quiero ser como ella, pero me fascina cuando unas horas antes corremos como locas en el coche, en busca del autocar que hemos perdido y que no tenemos ni idea de dónde puede estar, y ella dice, con su voz suave, "No te preocupes, lo vamos a coger, mi vida siempre es así". Quizás es ella la que me contagia su entusiasmo y hace que mi cabreo inicial se esfume en cuestión de minutos y se convierta en un "Lo peor que puede pasar es que tengamos que quedarnos una noche en uno de estos pueblecitos junto al mar". Y de repente, el autocar aparece de la nada...
Me cuenta que no sabe si dejar al tipo con el que vive. Aunque le quiere mucho, ya no disfruta en la cama. Es como vivir con un hermano, pero es que la cuida tan bien... En cambio, es tan diferente con su amante, el músico que ahora está en Cuba y con el que siempre saltan chispas... "Hemos intentado ser sólo amigos, pero es imposible". Y también con su otra amante, la mujer que lee el tarot, con la que le gustaría montar una comuna en algún lugar en el campo. "Nunca me he sentido tan femenina como con una mujer", susurra. "Y tampoco tan masculina. Adoro los cuerpos de las mujeres, esa suavidad inigualable, la intimidad, el entendimiento sin palabras, mejor que con cualquier hombre...". Y no, nada de todo eso le crea conflictos ni desgarros aunque, reconoce, le encantaría conocer a alguien que aunara las cualidades de los tres, claro que sí. Algún día, pero no lo planea. A su lado siempre ha habido alguien... Ella fluye y se deja querer, con esa despreocupación que irradia, a ratos envidiable, a ratos irritante.
Dice que deseaba hablar conmigo desde el primer momento. "Me gusta tu energía. Puedo verla, es como una luz rosa en el corazón, una mezcla de pureza blanca y el rojo de la pasión". "¿Volveremos a vernos?", dice. "Me gustaría escribir algo juntas, me gustaría que me enseñaras".
Es domingo, de noche, estamos viajando, es la primera vez que hablamos. Todo resulta un poco irreal y al mismo tiempo tan fácil, uno de esos momentos en que parece que las cosas podrían encajar si uno no se resistiera.
¿Volveremos a vernos? No lo sé.
Friday, February 29, 2008

Time after time
I tell myself that I’m
so lucky to be loving you
so lucky to be the one you run to see
in the evening when the day is through
I tell myself that I’m
so lucky to be loving you
so lucky to be the one you run to see
in the evening when the day is through
I only know what I know
The passing years will show
You’ve kept my love so young, so new
And time after time
you’ll hear me say that I’m
so lucky to be loving you
I only know what I know
The passing years will show
You’ve kept my love so young, so new
And time after time
you’ll hear me say that I’m
so lucky to be loving you
Dulce susurro que me abraza de madrugada, besa mi frente y disipa mi miedo, como una nana...
Sunday, January 06, 2008
Por otra parte, lo de viajar se está volviendo incompatible con mis propósitos de llevar una vida sana a la par que consciente. En mi casa, yo, más o menos, me levanto pronto, hago mi ratito de meditación y mi megamix de gimnasia-yoga-chikung (vale, todos los días no) y desayuno sano (ídem...). Leche sin lactosa, café endulzado con stevia, zumo natural o fruta, pan integral. Esas cosas.
Con lo que me ha costado ser (más o menos, ejem) disciplinada con todo esto, y llegan los viajes y te lo desbaratan todo.
Da pereza madrugar. Y como te levantas tarde, ya no haces gimnasia ni te lías a meditar. Total... Además, te falta tu esterilla y el aspecto del suelo como que no da mucha confianza. Luego en el bufé te zampas un café con leche entera atestado de azúcar, una cosa amarillenta que intentan hacer pasar por zumo de fruta, un montón de pan blanco y bollos empalagosos que normalmente jamás comerías, pero cómo vas a resistirte con la pinta que tienen. Total...
Y así todo el día.
Hubo un momento divertido. Yo, en la Acrópolis, rodeada de otros cientos de turistas. La diferencia es que yo iba con mi trancazo a cuestas y los demás, con sus cámaras. Y venga a disparar... Daba igual que la luz fuera pésima o que el Partenón estuviera hasta arriba de andamios. Qué ridículo todo, por Dios. Mi favorito era un japo armado con un trípode que se dedicaba muy serio él a hacerle fotos a su novia, esposa o lo que fuera desde todos los ángulos posibles con las columnas de fondo. Pero es que ella, bastante fea por cierto, no se molestaba en posar. Se limitaba a quedarse quieta y a girar la cabeza para un lado o para el otro. Muy harta debía de estar...
Conste que no me siento superior a ellos. Yo también llevaba la cámara encima, pero finalmente pasé de sacarla. Total, no quería recuerdos de ese viaje. Qué estrés de país. Miro hacia atrás y no puedo comprender cómo alguien una vez prefirió tirarse allí metido un mes que estar conmigo en Madrid. Ya no es porque yo sea estupenda, que lo soy, sino porque es una ciudad sucia y chillona (yo también, pero sólo a veces). En fin.
Todavía no he recuperado mis buenos hábitos. Lo achaco a que sigo llena de tos y mocos, pero la verdad es que no es fácil ser una persona sana y consciente...
Con lo que me ha costado ser (más o menos, ejem) disciplinada con todo esto, y llegan los viajes y te lo desbaratan todo.
Da pereza madrugar. Y como te levantas tarde, ya no haces gimnasia ni te lías a meditar. Total... Además, te falta tu esterilla y el aspecto del suelo como que no da mucha confianza. Luego en el bufé te zampas un café con leche entera atestado de azúcar, una cosa amarillenta que intentan hacer pasar por zumo de fruta, un montón de pan blanco y bollos empalagosos que normalmente jamás comerías, pero cómo vas a resistirte con la pinta que tienen. Total...
Y así todo el día.
Hubo un momento divertido. Yo, en la Acrópolis, rodeada de otros cientos de turistas. La diferencia es que yo iba con mi trancazo a cuestas y los demás, con sus cámaras. Y venga a disparar... Daba igual que la luz fuera pésima o que el Partenón estuviera hasta arriba de andamios. Qué ridículo todo, por Dios. Mi favorito era un japo armado con un trípode que se dedicaba muy serio él a hacerle fotos a su novia, esposa o lo que fuera desde todos los ángulos posibles con las columnas de fondo. Pero es que ella, bastante fea por cierto, no se molestaba en posar. Se limitaba a quedarse quieta y a girar la cabeza para un lado o para el otro. Muy harta debía de estar...
Conste que no me siento superior a ellos. Yo también llevaba la cámara encima, pero finalmente pasé de sacarla. Total, no quería recuerdos de ese viaje. Qué estrés de país. Miro hacia atrás y no puedo comprender cómo alguien una vez prefirió tirarse allí metido un mes que estar conmigo en Madrid. Ya no es porque yo sea estupenda, que lo soy, sino porque es una ciudad sucia y chillona (yo también, pero sólo a veces). En fin.
Todavía no he recuperado mis buenos hábitos. Lo achaco a que sigo llena de tos y mocos, pero la verdad es que no es fácil ser una persona sana y consciente...
Saturday, January 05, 2008
Una semana enferma en un país extraño que ni siquiera me ha gustado. Mientras moqueaba y tosía sola en mi cama -acompañada, en realidad, pero como si no-, largas horas en silencio, lluvia y niebla fuera de la casa que ni siquiera dejaban ver el mar de fondo, yo pensaba en mi vida en Madrid.
Y eso hizo que no llorara, no me enfadara, no me deprimiera. Era como saber que después de tomarme todas las medicinas amargas me darían, tarde o temprano, un bombón de exquisito chocolate negro.
Pensaba en mis niñas, mis amigos, mis clases, mi perro, mi casa, mi barrio, mis padres, mi ordenador, mi libro. Lo sé, nada excepcional. Pero ahí estaba el encanto. En que me acordaba de mi día a día, del que no necesito huir yéndome de viaje. En la felicidad que he conquistado y en la que sé que está por venir, este año o los siguientes. Pensaba mucho en ti, D., hermanita, y en tu delicioso Max. Te conozco desde hace media vida y de repente me he dado cuenta de que tengo tantas cosas que preguntarte...
Estaba agotada anoche cuando aterrizó el avión, pero me sentí feliz de estar literalmente en casa. Esta mañana, Chueca brillaba más bonita que nunca bajo el sol. Me pareció que todo era plácido a mi alrededor. Y que, gracias a que me había alejado, ahora era capaz de apreciarlo mucho mejor.
La belleza del instante, algo que nunca dejará de conmoverme.
Estoy tan aturdida todavía que no sé muy bien cómo me siento. Pero me dejo llevar, con toda confianza... Quizás lo de estos días atrás era necesario para mudar completamente de piel. Llevo unos meses dándome cuenta de que estoy cambiando. Me resistí al principio, cuando mi lado adolescente se negaba a asumir que tengo 35 años y me estoy recolocando por dentro. Ya no... No volvería atrás ni por un instante.
Me alegro de que mi lista de "cosas que ya no quiero" ardiera en el fuego de la chimenea la tarde del 31. Espero haber dejado muchas cosas en aquel país y que el fuego -y los mocos, la fiebre y la tos- me hayan purificado. Llevo conmigo mi lista de "propósitos para este año". Y la alegría de saber que no todo lo escrito en la lista se cumplirá, pero yo estoy en paz y, con todas mis circunstancias más o menos afortunadas, soy feliz. Estoy rodeada de gente maravillosa y lo mejor de todo, sin ninguna duda, es que me tengo a mí misma.
No puedo pedir más en la Noche de Reyes. ..
Y eso hizo que no llorara, no me enfadara, no me deprimiera. Era como saber que después de tomarme todas las medicinas amargas me darían, tarde o temprano, un bombón de exquisito chocolate negro.
Pensaba en mis niñas, mis amigos, mis clases, mi perro, mi casa, mi barrio, mis padres, mi ordenador, mi libro. Lo sé, nada excepcional. Pero ahí estaba el encanto. En que me acordaba de mi día a día, del que no necesito huir yéndome de viaje. En la felicidad que he conquistado y en la que sé que está por venir, este año o los siguientes. Pensaba mucho en ti, D., hermanita, y en tu delicioso Max. Te conozco desde hace media vida y de repente me he dado cuenta de que tengo tantas cosas que preguntarte...
Estaba agotada anoche cuando aterrizó el avión, pero me sentí feliz de estar literalmente en casa. Esta mañana, Chueca brillaba más bonita que nunca bajo el sol. Me pareció que todo era plácido a mi alrededor. Y que, gracias a que me había alejado, ahora era capaz de apreciarlo mucho mejor.
La belleza del instante, algo que nunca dejará de conmoverme.
Estoy tan aturdida todavía que no sé muy bien cómo me siento. Pero me dejo llevar, con toda confianza... Quizás lo de estos días atrás era necesario para mudar completamente de piel. Llevo unos meses dándome cuenta de que estoy cambiando. Me resistí al principio, cuando mi lado adolescente se negaba a asumir que tengo 35 años y me estoy recolocando por dentro. Ya no... No volvería atrás ni por un instante.
Me alegro de que mi lista de "cosas que ya no quiero" ardiera en el fuego de la chimenea la tarde del 31. Espero haber dejado muchas cosas en aquel país y que el fuego -y los mocos, la fiebre y la tos- me hayan purificado. Llevo conmigo mi lista de "propósitos para este año". Y la alegría de saber que no todo lo escrito en la lista se cumplirá, pero yo estoy en paz y, con todas mis circunstancias más o menos afortunadas, soy feliz. Estoy rodeada de gente maravillosa y lo mejor de todo, sin ninguna duda, es que me tengo a mí misma.
No puedo pedir más en la Noche de Reyes. ..
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